h e l l o
goodbye
❝Hello, hello. I don't know why you say goodbye, I say hello❞
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Xaia- La pesadilla

Xaia
Acabábamos de llegar hacía unas horas, el Gigante Rojo descansaba tranquilo del largo viaje que tuvo que emprender junto a estos tripulantes de los cuales llegaron solo tres a destino, y esta noticia no podía ser más que una horrible sorpresa. Loi estaba desconsolada y yo, destruida. Papá no iba a llorar, pero yo noté que tenía miedo, mucho miedo. Cada palabra era una daga en mi corazón, cada letra era una bomba. A medida que avanzaba, más lágrimas comenzaban a fluir. Cuando llegó al punto final rompí en llanto.

Xaia- "El mago callejero"

Cuando los encuentros se producen

Los encuentros son pura casualidad, pero luego el tiempo va revelando que el momento preciso, el instante exacto, estaba fijado en el tiempo, estaba marcado, y era, entonces, más que simplemente una casualidad.
Encontrarse con personas es algo que ocurre cada día, pero nunca se sabe cuándo un encuentro especial se produce, hasta que sí se produce. Y nunca se llega a saber en el momento, si no luego de años, meses, semanas, días, horas e incluso simples segundos. Un segundo es suficiente para darse cuenta de lo mágico de un encuentro.

Xaia- "El pájaro rojo"

Diario de Xaia
Querido Diario:
Te escribo desde la cubierta lustrosa y rojiza de madera del Gigante Rojo, el barco. La luz del amanecer juega con mis pestañas y tiñe mi piel pálida de un tono anaranjado, y baña el mar con trocitos de cielo. Es primavera, igual que cuando llegué a este barco. Mamá era una heroína y no puedo dejar de extrañarla.
Papá y Loi no se levantaron aún. Yo siempre me levanto primera para ver el sol saliendo. Me hace acordar al fuego que me puso en peligro el día que nací. Me pregunto cómo habrá sido la casa en la que viví por apenas doce horas.
Yo podría haber tenido una vida normal, en una casa normal, con una escuela normal... pero no. La gente sigue ignorando que antes de esta vida, hubo otra. Y que fueron estas cosas, como las guerras, lo que la llevaron a su destrucción. Pasaron poco más de mil años, y las guerras ya se desataron nuevamente. Parece que es parte de la simple naturaleza humana. Por eso es que no me gusta, y hasta tengo la sospecha de que no lo soy, o hasta podría dejar de serlo.

Xaia- "El viaje en barco"

El cielo rojizo del ocaso se mezclaba los cabellos pelirrojos de Mei, y la luz brillante iluminaba su rostro pecoso y alegre mirando a las estrellas que ya empezaban a centellear en el firmamento repleto de nubes anaranjadas y violáceas.
Ese día había nacido Xaia, su hija, idéntica a ella, con el mismo rostro soñador, inocente y travieso a la vez, de rasgos suaves e increíbles ojos verde esmeralda. Perfecta.
Ese día hace mil años, el mundo había nacido nuevamente, después de un apocalipsis causado por la tecnología avanzada del hombre.
Ese cielo tan perfecto se tornaba más oscuro a cada segundo, dejándole lugar a una noche de luceros parpadeantes y nubes violetas. La brisa cálida de la primavera se filtraba por el ventanal abierto de cristales limpios, haciendo sonreír los labios pintados de escarlata de Mei, alborotando cada mechón de pelo, calentando sus brazos desnudos. Se olvidó de la guerra que se desarrollaba hacía dos años, aunque en otros continentes.
No debía. No debía porque esa noche, la guerra iba llegar a su continente, a su casa, a cada árbol de cerezo que estaba plantado en el jardín, cada flor rosada que coloreaba el patio de piso empedrado.
Sí. El viento se empezó a intensificar cada vez más, cuando Mei se dio cuenta de que llegaban los helicópteros naranjas. Su dulce sonrisa se transformó en una mueca de angustia, y luego en una expresión de susto. Se alejó de la ventana. Tomó a Xaia entre sus brazos y entró en su dormitorio, donde Bre, su esposo, y Loi, su madre, charlaban sobre la niña.
-Vienen.-dijo Mei, muy pálida.